¿Cómo afecta la brecha digital a la educación?

by Zigor Maritxalar

¿Cómo afecta la brecha digital a la educación?

by Zigor Maritxalar

by Zigor Maritxalar

No deja de parecerme insólito que, después de varias décadas advirtiendo de la necesidad de innovar el sistema educativo y adaptarlo a las necesidades de una sociedad cada vez más digital, el cambio a una formación 100% online se ha instaurado literalmente en todo el país de un día para otro debido a la pandemia.

De la noche a la mañana, se ha erigido toda una estructura formativa a distancia en torno a decenas de plataformas educativas virtuales como única alternativa para acabar el curso académico. No obstante, aquellos alumnos y alumnas que no disponen en sus hogares de los dispositivos necesarios e incluso de una conexión a internet para seguir el aprendizaje online, quedan totalmente desplazados. Hablamos pues de una brecha digital que ya estaba presente, pero que se ha hecho aún más tangible ante esta situación de aislamiento social.

Veamos algunos de los datos que dibujan el escenario actual de la brecha digital, según el último informe proporcionado por el INE:

  • Las comunidades autónomas con mayor índice de brecha digital son Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y Galicia.
  • En contraposición, Madrid, Navarra, Baleares y el País Vasco son las regiones donde la brecha digital es más reducida.
  • Los principales motivos asociados a la falta de acceso de los hogares a Internet son económicos (elevado coste del equipo y/o de conexión) y educativos (falta de conocimientos o habilidades digitales).

El acceso a la tecnología como elemento diferenciador

En vista de estos datos, mi primera consideración al respecto gira en torno a la naturaleza socioeconómica de la brecha digital. Más allá de las cuestiones que se están debatiendo estos días sobre si debemos o no adelantar materia o las consecuencias de un posible aprobado general, es más apremiante que la Administración dote de recursos tecnológicos al alumnado que no dispone de ellos. La premisa debe ser la siguiente: evitar que la brecha digital se convierta en una barrera educativa que nos conduzca irremediablemente a una sociedad aún más distanciada.

Para ello, desde el Ministerio de Educación y Formación Profesional han tomado las siguientes medidas:

  • Han repartido entre todas las comunidades autónomas 20.000 líneas móviles y tarjetas SIM con 40 Gbs mensuales destinadas a los estudiantes con mayores dificultades para acceder a medios tecnológicos.
  • Cada región distribuirá este material de forma autónoma entre los alumnos según los criterios que establezcan las Consejerías de Educación y, en su caso, Bienestar Social.

De forma complementaria, algunas comunidades se han visto obligadas a reforzar esta acción de carácter general con pequeñas medidas escalonadas:

  • En el caso de Andalucía, la Consejería ha repartido, aunque más de un mes después de decretarse el estado de alarma, un total de 5.600 tablets en concepto de préstamo entre alumnos de Bachillerato y Formación Profesional de entornos más desfavorecidos.
  • El Gobierno gallego también ha distribuido un millar de portátiles con conexión a internet entre familias y alumnos con menos recursos.
  • La Consejería de Educación y Empleo de Extremadura repartirá más de 930 tablets para aquellos que no dispongan de recursos tecnológicos para seguir de forma telématica su formación.

La falta de capacitación digital de la sociedad

En cuanto a la naturaleza formativa de esta brecha, este es otro de los principales motivos que comentábamos anteriormente. Y es que esta situación de diferenciación se agrava más en los hogares donde no hay un conocimiento ligado a la utilización de estas herramientas digitales.

En el caso de España, y según los últimos datos de Eurostat, solo el 53% de los ciudadanos cuenta con habilidades digitales básicas tales como: navegar, buscar y filtrar datos, compartir información a través de las tecnologías adecuadas, utilización de las redes sociales…

Con estos datos presentes, urge implementar las siguientes medidas:

  • Los centros e instituciones educativas son las únicas fuentes donde poder adquirir esos conocimientos. Esto supone un reto y, al mismo tiempo, la hoja de ruta a seguir por parte de todos los agentes involucrados en el proceso a la hora de reenfocar los programas formativos a la adquisición de competencias digitales.
  • De forma paralela, los gobiernos deben introducir esta prioridad en sus agendas, en concordancia con el ritmo marcado por las necesidades formativas digitales de la población.
  • El Estado debe proporcionar incentivos que impulsen la relación de los ciudadanos con las instituciones a través de Internet. Además, este tipo de acciones implican un importante ahorro de recursos derivado de las interacciones telemáticas.
  • Se debe fomentar el reskilling de la población activa en el ámbito digital para aquellos profesionales que actualmente desarrollan tareas en riesgo de automatización o desempleados que necesitan reorientar su carrera profesional.

En resumen, la formación en competencias digitales, más allá del contexto actual de emergencia provocado por el COVID-19, es aún una asignatura pendiente en la educación de un gran porcentaje de la población española y una labor ineludible para la superación de la brecha digital.

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