¿Deben ser la Formación Profesional y la Universidad dos caminos paralelos hacia el empleo y avanzar sin ningún tipo de interacción? ¿O se deben crear puentes y vías de acceso comunes para circular entre ambos?
Lejos de establecer un debate innecesario sobre las ventajas de cada una de estas formaciones, mi intención no es otra que la de compartir un mensaje que se centre en los beneficios que puede traer consigo una sinergia entre ambas.
Seguramente habréis leído que en el último año la Formación Profesional se ha hecho con el 42,4% de las ofertas de empleo mientras que la Universidad “ha caído” hasta el 38,5%. ¿Conclusión? Es la primera vez en muchos años que se demanda más el perfil de un titulado en FP en lugar de un graduado universitario.
Inmediatamente, todos los medios se hicieron eco de este estudio contribuyendo aún más a reforzar la ‘enemistad’ que acumulan ambas formaciones desde hace décadas. Y es que, en España, hay ocasiones en las que la elección de uno u otro itinerario formativo se basa en el valor social que se le otorga a cada uno de ellos. En concreto, siempre se ha percibido la FP como una salida para quien no cuenta con la suficiente capacidad para llegar a la Universidad. De ahí que muchas veces se asocie a la falta de éxito profesional. Una gran equivocación.
¿Qué perfiles académicos demanda el mercado laboral?
Cuando analizamos las tendencias de los principales focos tecnológicos a nivel mundial se observa lo siguiente. Los perfiles más atractivos son aquellos que cuentan con competencias específicas para desarrollar tareas muy especializadas. Igualmente, se valora enormemente la capacidad para adaptarse a los cambios, independientemente de la titulación que hayan cursado.
Un ejemplo de ello lo vemos en las conclusiones del último informe realizado por Fast Company, una conocida publicación estadounidense especializada en tecnología. Según su estudio, las empresas más punteras (Silicon Valley, Londres, Nueva York…) ha comprobado que existe mucho talento fuera del mundo universitario que han aprendido de una manera más práctica y autodidacta.
Podríamos decir que esta tendencia se acerca más a formaciones especializadas y prácticas como la Formación Profesional, que a grados universitarios. Lo cual no significa que la Universidad se convierta en una opción inservible. Se trata de una formación más general que aporta la base necesaria para un aprendizaje continuo a lo largo de toda la vida.
En este sentido, parece que este mensaje está impactando también en el mundo universitario. Ya se empieza a considerar la posibilidad de crear grados más globales y en menor número, con la intención de adecuarlos más fácilmente a los cambios que demanda la sociedad y las propias empresas.
¿En qué se traduce la colaboración entre FP y Universidad?
La Formación Profesional debería apoyarse también en la investigación que se desarrolla actualmente en las universidades. ¿Qué quiere decir esto? Es a través de la investigación como podemos ser capaces de anticipar posibles escenarios de cambio para impulsar titulaciones que dirijan correctamente la transformación de la educación.
Seguir tratando ambas formaciones por separado no aporta nada más que un camino directo hacia el fracaso. Para ello, es necesario:
- Identificar las titulaciones universitarias a ofertar como especialidades de FP que sean innovadoras
- Luchar contra la falta de valoración social que lleva a cuestas la FP
- Impulsar la FP como motor de cambio y desarrollo social
- Integrar esta formación con la oferta universitaria a través de un nuevo sistema más abierto de convalidaciones que faciliten el acceso de una a la otra.
En cuanto a este tercer punto, hasta el momento, la convalidación de módulos de ciclos formativos por créditos de carreras universitarias es posible siempre que la Universidad correspondiente lo tenga regulado y reconocido. Es decir, es competencia de cada centro en función de la Ley de Autonomía Universitaria. Pero ni todas las universidades lo hacen, ni dentro de ellas, todas las carreras.
De hecho, este fue uno de los temas a tratar en la conferencia de rectores universitarios (CRUE) celebrada el pasado 6 de febrero. El congreso marcó los objetivos para el año 2030. Entre ellos destacó la creación de pasarelas para la convalidación de las asignaturas aprobadas de un universitario que decide dar el paso a la FP superior.
¿A qué necesidades da respuesta la correcta unión de FP y Universidad?
Cada vez son más los casos de titulados que demandan una adecuada convalidación de créditos o módulos entre la FP y el mundo Universitario. Veamos los más comunes:
- Por un lado, aquellos titulados universitarios que, una vez terminada la carrera, desean iniciar un ciclo de FP para profundizar su conocimiento práctico sobre una determinada área. Esto puede deberse a que su primera elección está mas ligada al plano académico, mientras que la FP se acerca mejor a la realidad de la empresa. Para estos estudiantes, una correcta homologación de créditos puede suponer un importante ahorro en costes y tiempo para dedicarlo a lo que realmente importa: adquirir aquellas competencias que no poseen.
- Por otro lado, encontramos la situación contraria. Según los últimos datos del Ministerio de Educación, uno de cada cuatro universitarios posee una titulación de FP (casi el doble que hace 5 años). ¿Qué quiere decir esto? Hay una creciente demanda de titulados de FP que desea complementar su formación con una carrera para especializarse y diferenciarse en su ámbito laboral. Esta necesidad suele originarse tras conseguir sus primeros empleos, en el momento en el que quieren dar un salto para lograr una promoción.
En definitiva, si logramos integrar FP y Universidad, la sociedad comprendería que las contribuciones entre ambos itinerarios formativos son imprescindibles para el avance del país.
